¡Ya vienen las viejas!

El Sol pega duro, escurre por la espalda el sabor amargo del sudor, por el cuello, la frente. La lengua inquieta acaricia los labios intentando apaciguar la sed. La saliva una y otra vez recorre el camino de la manzana de Adán. Nosotras las Eva´s nos amarramos un chongo y combativas gritamos un adiós a los zapatos de tacón, a las chaquetas, a los aretes, a los vestidos brillantes y al labial llamativo.

Con la fuerza con la que parimos arraigadas a la tierra como las raíces armamos una barrera por años, para salvar de la rapiña la arena en el Río Laja. La piel quemada, tobillos negros por los interminables pasos para salvarlo. Paredes incestuosas de un lúgubre rincón de la tierra, donde los malhechores pasaban tibias noches, resultó ser la solución para las autoridades en contra de las defensoras del medio ambiente en Dolores Hidalgo una tarde hace muchos años, cuando el divino tesoro de la juventud resplandecía. Las canas en el cabello aparecieron de a poco, los pasos lentos, pero más firmes por los años de experiencia porque no se ha descansado, y aquellos que se enriquecen a costa de la naturaleza ya se les oye decir – ¡Ya vienen las viejas! – las armas apuntando al pueblo, a las viejas ¡no detendrán la lucha!

Una madre bañando a sus hijos en el río gritó ¿buscan a los saqueadores? están del otro lado, aquí ya no dejaron nada.

La tierra sucumbe y pesé a ser delirante, sus defensas siguen en pie como la de las viejas de Dolores Hidalgo. Unas aquí, otras allá, pero todas cuidando de la tierra, del río, de la vida. Esa llama de justicia de mujeres feministas está en boca de todos, y no, no perderá fuerza. Nosotras las viejas necesitamos de un lenguaje de lo que vivimos en la calle, ya lo dijo el ícono feminista nigeriana más importante de nuestra década “las palabras no cambiarán las cosas, pero tengo la esperanza de que hablar les dé fuerzas para decir no”.

¡No a la rapiña!

¡No con la arena del río!

¡No con el agua del río!

¡No con los árboles del río!

¡No!

¡No!

¡No!

El grito agudo recorre kilómetros del río, mujeres felices abrazan la esperanza, les preguntan ¿es por dinero? ¿quién les paga? ¿por qué lo hacen si aún queda arena? – por la vida– nosotras vamos directo al panteón, pero niños y niñas ya no ven los álamos, las gaviotas, ven la cerca tirada, caminos improvisados para llegar hasta el corazón del río, es lo que ven.

¡Ya vienen las viejas! Un grupo de mujeres empoderadas, sí, lea nuevamente – empoderadas. Tantas veces oí decir ¿por qué las mujeres cuando están en el poder no alcanzan el éxito? (reí en silencio) incrédulos que subestiman el poder femenino. Ni este grupo de mujeres, ni ningún otro necesita de la aprobación de los hombres para triunfar.

Nosotras las feministas no odiamos a los hombres, no estamos enfadadas, y si llevamos los labios pintados y tacones altos, o gritamos en pie de lucha, es para nosotras mismas, no para los hombres. Abran paso a este grupo de mujeres de distintas comunidades de este pueblo quieto, que de entre todo el globo terráqueo están haciendo historia por la defensa del medio ambiente. A mí me encantan ¡se los juro!, es magnífico este empoderamiento, es un arma a la que muchos temen, pero que nadie detendrá su paso porque así van, fuertes y gloriosas como el agua del río.

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