#MeToo

¿Te violaron?

Una pregunta sin filtros, sin mesura, la joven sintió el madrazo justo en su espíritu.

Su boca parlanchina color rojo quedó muda, la quijada le tembló e intentó mantener sus ojos abiertos mirando frente a su celular a quién la acosaba por las redes sociales. Su silencio fue secuela de un golpe en seco.

Sus manos se deslizaron en sus rodillas de lento a fuerte hasta apretar sus muslos por la ansiedad, ese par de minutos en que tardó en responder fue como sentir su cuerpo postrado en la morgue.

De pronto una pequeña araña cruzó de su pie izquierdo al derecho, vio a la araña, pero jamás pensó en pisarla, en aniquilarla. Tan pequeña e indefensa que no sabría de donde vino el golpe. Pero no lo hizo, la dejó vivir.

Nuevamente. – ¡¿Te violaron?!

No sabía si era una de tantas pesadillas disfrazadas de somníferos para dormir o un día cualquiera de abril.

La respuesta afirmativa o negativa se anunció como un espectáculo ¿cómo? ¿dónde? ¿qué llevabas puesto? ¿por qué a esa hora? ¿habías bebido? ¿consumes drogas? ¿has participado en una orgía? ¿por qué estabas sola? ¿dónde estaba tu familia, tus amigas? ¿por qué viajaste sola? ¿por qué pasó por esa calle? ¿usted lo provocó? ¿le enviaba nudes? …

Ella sentía culpa, pena, ansiedad. Como asfixiarse poco a poco, hasta que, sin distinguir el rostro de las otras mujeres, sin jamás haberlas visto, sin que las demás mujeres pertenecieran a un grupo cercano de amigos o familiares; simplemente desconocidas que también se desgarraron el alma como ella. Escribieron y se sumaron al colectivo #MeToo donde hasta ahora más de 500 mil en el mundo han usado hashtag.

Miles de mujeres mexicanas denunciaron violaciones, acaso sexual, hostigamiento, maltrato físico y psicológico y no pasó nada. En algunos casos el hombre denunciado volvió a violar por venganza, otro salió de la cárcel para matar a su ex pareja, otro más se entregó a las autoridades y se declaró inocente porque quien denuncia dice que quiere manchar su prestigio, su carrera.    Otros más ofrecieron una disculpa pública, hablaron sobre su problema – el machismo.

En el monopolio de la música, de los medios de comunicación y de los escritores en México se visibilizó la cifra de hombres que han violentado o acosado a mujeres. Las valientes en hablar son señaladas como putas, mal cojidas, santuronas.

  • Por su culpa y solo por su culpa – Porque se lo buscaron.

Es terrible las denuncias en #MeToo; somos tantas las mujeres las que hemos sido violentadas en el trabajo, en la calle, en el hogar. Tristemente se deja ver un panorama de matices oscuros. ¿A dónde acudir cuando las redes sociales parecían el medio sin censura con mayor credibilidad? Pero se colapsa porque según “las feministas queremos muertos a los acosadores”. No es así, queremos justicia, queremos un alto al acoso.

El marchar en el #8M, el sumarse al colectivo #MeToo porque también fuiste acosada por el mismo editor de tal empresa, es un grito de justicia por todas aquellas que ya no están y que jamás fueron escuchadas. Yo me uno a los cientos de mujeres que defendemos el movimiento y el colectivo porque #LesCreo, porque han sido tantos años los que han pretendido callarnos.

Lamento profundamente que tomen el movimiento de #MeToo como detonante del suicidio del bajista, compositor y fundador de Botellita de Jerez Armando Vega Gil. Su familia y amigos le lloran, y les entristeció verlo partir así, desecho porque nadie jamás creería en él por ser señalado como un presunto acosador.

Cientos de compañeras a diario son señaladas como mentirosas al denunciar su acoso o violación. Ambas situaciones flagelan. Es buen momento para retomar nuestro actuar como mujeres y hombres, sumar por una sociedad más justa para ambos. En donde paremos los voraces hechos de seguir encontrando a mujeres asesinadas a la orilla de la carretera o en una maleta descuartizada, o llevadas por la fuerza por unos encapuchados mientras vendían hamburguesas.

Yo les creo.

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