El dulce sabor de la muerte es un alfeñique

DOLORES HIDALGO Y UNA TRADICIÓN QUE HA PERDURADO POR FAMILIAS A TRAVÉS DEL TIEMPO, PARA ENDULZARNOS LLEGANDO LOS DÍAS DE MUERTOS

Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia Nacional, Gto.- Son pocas las ciudades que pueden presumir de tener tradiciones que se remonten en el tiempo y unan a los  vivos con los que ya se adelantaron en el viaje de la muerte, y es tanto el amor que se tienen a la tierra a los hijos y a la tradición que se va heredando de generación en generación.

Una de estas tradiciones arraigadas en un pueblo como Dolores Hidalgo es la elaboración de Alfeñiques pequeños dulces que iniciando el otoño están listos para ser disfrutados por chicos y grandes y que son un deleite al paladar y refuerzan los lazos afectivos de quienes los comen y de quienes los producen.

Lo tradicional son las calaveritas, las frutas de alfeñique suave, los platitos con comida, las gallinitas, borregos y demás animalitos entre un sin fin de personajes, tantas figuras como la imaginación pueda crear, las encontramos en el jardín cada octubre y principios de noviembre y ver la cara de alegría de los niños es algo que vale la pena, pero también ver a los más grandes que no se quedan con las ganas de colocar en su paladar uno de estas suculentas golosinas. Alfeñiques una dulce tradición que vive entre los dolorenses

de izquierda a derecha- Florentina Martínez Vázquez , María Victoria Torres Martínez, Aylin Alejandra Rodríguez Torres

¿Pero cómo se hacen? ¿Quién logra atrapar la vista y el paladar de tantas personas? Es aquí donde encontramos a María Victoria Torres Martínez ella tiene casi 15 años elaborando los alfeñiques pero quien a ella le enseño es su mamá Florentina Martínez Vázquez que tiene muchos años más y antes que ella sus abuelos, y antes que ellos sus bisabuelos y ahora también su nieta Aylin Alejandra Rodríguez Torres con apenas 13 años y que se suma a la tradición.

A la señora Victoria o “Vicky” como le llaman su conocidos le encanta enseñar a todos los que quieran aprender, para ella es un gusto compartir lo sabe y heredo de su madre, por eso en conjunto con la Puerto del Aire realizaron un pequeño taller para que los niños se acercaran y conocieran la maravillosa técnica de crear personajes con azúcar.

Y es azúcar su ingrediente principal, jugo de limón y grenetina que son revueltos para crear una pasta moldeable con la que sedara forma a todas las figuras, en mesas acomodadas frente a quien explicaba la elaboración se encontraban niños ansiosos de conocer, dejándose sorprende al ver como se prepara la pasta, y se preparan los moldes para su elaboración, tanto Vicky como su mamá Florentina explican como antes eran de barro, ahora son de silicón plástico pero nos dicen que pueden ser de diferentes materiales y que depende de la imaginación de quien los trabaja su elaboración.

Para esta fecha lo tradicional es la calavera por eso los niños y adultos presentes observan con asombro como sale la pieza del molde, como se pegan las diferentes partes dela figura, se les explica que tardara de 2 a 3 días en secar y dependerá de la temperatura del ambiente, aquí cabe mencionar que no todos pueden hacer alfeñique, hay personas que la pasta se les endurece y craquéela antes de poder hacer alguna figura la misma Florentina comenta que de sus hijas solo hay una que le ayuda hacer las figuras principales que luego se decoraran, pero bueno ya teniendo estas todos la ayudan a decorar.

Después de eso llego el momento de que los asistentes vivan la experiencia y se les reparte la masa preparada para que hagan una calavera con un molde, mientras los esperan ya preparadas duyas hechas con bolsitas de plástico en donde se encuentra la pasta dulce con muchos colores, todos listos para decorar las figuras.

Luego fueron repartiendo calaveras de dulce ya listas para decorarse, ahí cada uno podía expresar su creatividad, decorar su calavera de alfeñique, y la imaginación de los niños fluyo por sí sola, Héctor García  de la escuela de artes “Puerto del Aire” señaló la importancia que tiene difundir nuestra tradición y dejarla en los más pequeños, puesto que el alfeñique dolorense tiene una finura artística que en pocos lugares se encentra, además de remontarse en el tiempo y ser sustento de varias familias.

Así todos terminaron con una sonrisa, un dulce que llevar a su casa y una experiencia que los conecta con ese dolores que hicieron nuestros abuelos, y que conservaran nuestros hijos, con un delicioso alfeñique, que nos recuerda que dulce es la vida y también que dulce es la muerte.

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