ColumnaLa Torcaza Cínica

Querer no es poder

Psicólogo Alejandro Ruiz Galicia

La adicción es uno de los trastornos mentales más mitificados. Falsedades de todo tipo pretenden explicar este fenómeno de salud. Creencias tales como que la adicción es un vicio y no una enfermedad; que existen medicamentos para evitar el deseo de consumo; que la reclusión es la única vía de mejoría; son ideas comunes que carecen de soporte científico.

La adicción a sustancias implica cuatro elementos: depender de la droga para funcionar, necesitar consumir más de la sustancia para lograr el efecto deseado, experimentar malestar cuando se deja de consumir y que el consumo afecte el estilo de vida.

Esta enfermedad, como todas las demás, no se halla sujeta a la voluntad del enfermo. Suponer que un enfermo puede sanar a voluntad, es una tontería. Decir que lo único necesario para controlar una adicción es “echarle ganas”, “poner de su parte”, “querer dejarlo”, es tanto como decir que lo único necesario para dejar de tener diabetes es que el enfermo se proponga producir más insulina.

Por supuesto, existen casos en los cuales el padecimiento desaparece sin intervención profesional. Pero suponer que después de varios intentos por cesar el consumo la vía para lograrlo continúa siendo justo la que ha demostrado ser ineficaz, es absurdo.

La adicción es una enfermedad que comúnmente aparece en la adolescencia, el consumo inicial suele deberse a la curiosidad, la presión de otros o el deseo por lo prohibido. Este padecimiento suele encontrarse acompañado de otros, como ansiedad, depresión, bipolaridad, o algunos trastornos de personalidad como el trastorno antisocial o el trastorno límite. Finalmente, el cerebro de quien cursa una adicción, no sólo funciona distinto al de la mayoría, si no que genera trasformaciones físicas irreversibles. Estas características permiten entender la dificultad que atraviesan muchas personas en su búsqueda de sobriedad.

Aquí, querer dejar de consumir es sólo uno de los requisitos para iniciar el trabajo de rehabilitación y es común que este deseo se encuentre en conflicto con el deseo de consumo. Pensar que es necesario estar completamente convencido para iniciar la mejoría, es utópico. La mayoría de las personas que han logrado parar el consumo, aún quieren hacerlo, lo que ocurre es que no lo ven conveniente y desarrollan estrategias de afrontamiento ante ese impulso.

Tales estrategias, pueden llegar a fallar, así como cualquier otro plan en la vida puede fallar de vez en cuando, esto es a lo que se suele llamar “recaída”. Y así como no dejamos de hacer sumas porque una nos salió mal, también es necesario entender la recaída como una oportunidad de aprendizaje.

Ante las enfermedades, querer no lo es todo, pero es un primer paso y con apoyo profesional, de otras personas que atraviesan situaciones similares, de familiares, amigos, compañeros; puede ser el inicio de un camino distinto, menos doloroso y probablemente, más largo.

No Comment

Deja un comentario