ColumnaLa Torcaza Cínica

Mensaje doble vincular

Psicólogo Alejandro Ruiz Galicia

La comunidad estudiantil de la Universidad de Guanajuato ha dado en los último días muestras de una dignidad que no cabe en el prestigio de las institución ni en sus aulas, teniendo que salir a las calles a reclamar lo que siéndole propio, le ha sido negado con una sonrisa; seguridad.

Seguridad que consiste en seis principales puntos, a saber:

  • Que las autoridades dejen de encubrir las muertes y el acoso.
  • Necesitamos llegar seguros a casa. Horarios razonables para ir a clases.
  • Ni tolerancia ni impunidad a acosadores.
  • Atención psicológica eficiente y suficiente.
  • Mayor asignación de recursos enfocada a la seguridad de estudiantes.
  • Casetas con policías competentes en zonas de mayor concentración estudiantil.

¿Cómo llegaron al punto en que fuese necesario el paro de actividades para reclamar algo que parece tan sencillo y cotidiano?

¿Cómo es que la violencia creció tanto y desde tan profundo como para que no fuera objeto de reclamo hasta que el acoso, los asesinatos y los suicidios eran tema por todos conocido pero por nadie dicho?  Seguramente hay muchas vetas en la raíz de este mal, hoy pienso en los mensajes de doble vínculo.

Los mensajes doble vinculares, son mucho más sencillos de entender y más dañinos para la salud de lo que pueden parecer. De acuerdo con Gregory Bateson, estos mensajes son aquellos que dan un mensaje con palabras al tiempo que dan otro con la actitud, mensajes que dicen dos cosas contrarias al mismo tiempo, mensajes que se dan de dientes para fuera, de esos que hay que leer entre líneas, cosas que se hacen por taparle el ojo al macho. Ejemplos de esto son las siguientes situaciones:

  • Cuando decimos que cuidamos a las víctimas de acoso y les responsabilizamos y reprendemos por haber sido violentadas.
  • Cuando nuestro jefe dice que valora nuestro trabajo al tiempo que espera que trabajemos horas extras gratis.
  • Cuando decimos a los niños que la violencia no es la forma de arreglar problemas mientras les pegamos para que ellos no peguen.
  • Cuando decimos que respetamos a la comunidad LGBTIQ siempre y cuando no se nos acerquen.
  • Cuando decimos que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y valor pero pagamos menos a una empleada que a un empleado.
  • Cuando decimos que cuidamos a nuestros hijos y les obligamos a continuar conviviendo con sus violadores y acosadores.
  • Cuando afirmamos tener valores y no respetamos las luchas de otras, llamándoles feminazis.
  • Cuando le decimos a nuestra hija que puede ser lo que quiera, menos lo que quiere porque eso es de hombres.
  • Cuando decimos a nuestros adolescentes que las drogas son peligrosas, mientras nos ven plenamente alcoholizados el fin de semana.
  • Cuando decimos que respetamos las creencias religiosas distintas pero intentamos convertirles a nuestra religión u obligarles a participar de nuestros ritos.
  • Cuando decimos a nuestros hijos que ya están grandes y que hagan su vida pero les reclamamos por no hacer lo que esperamos de ellos.
  • Cuando la policía dice que, ahora sí, está cuidando al alumnado y detiene estudiantes ilegalmente.

Esos, son mensajes doble vinculares, mensajes contradictorios que parecen robarnos la posibilidad de reclamo y de pensar. Mensajes que pueden acercarnos a padecimientos mentales como la esquizofrenia. Y esta esquizofrenia colectiva, esta locura popular, es ante lo que en buena medida, la comunidad universitaria alza la voz en estos últimos días.

Evitemos este tipo de comunicación, tengamos claridad en lo que sentimos y buscamos, pongamos atención en cómo lo expresamos, así podremos estar mejor como personas, como familia y como sociedad.

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