“Existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad; la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad”.
Sören Aabye Kierkegaard
Voltear a vernos duele. Quisiéramos vivir como en los cuentos de hadas, donde todos son reyes y princesas, pero la realidad golpea de frente. En estas regiones, la llamada Cuarta Transformación no ha llegado, ni tampoco el “Nuevo Comienzo” que hoy presumen las autoridades estatales.
Basta con mirar a municipios que por años han arrastrado un rezago profundo, no por falta de ganas de trabajar o de progresar, sino por el abandono sistemático del que han sido objeto. Xichú, Victoria, Atarjea, Santa Catarina, Tierra Blanca, Doctor Mora y San José Iturbide figuran entre los más pobres, los más olvidados y los más rezagados. Han pasado por ellos todas las corrientes ideológicas: gobiernos azules, tricolores, amarillos y morenos, y nada ha cambiado. Simplemente, no les toca.
La razón es clara: para el gobierno del estado solo sirven para la foto; para el gobierno federal, únicamente para sostener el discurso. En la práctica, ninguno los considera un espacio estratégico que garantice votos o poder político.
Distinta suerte han corrido otros municipios donde la pobreza se disfraza, pero el peso electoral es mayor, como Dolores Hidalgo, San Miguel de Allende, San Luis de la Paz y San Felipe. Ahí, lo prioritario es mantener contentos a los representantes vecinales y administrar el descontento.
Mientras tanto, en el olvido casi absoluto permanecen municipios como Ocampo y San Diego de la Unión, gobernados por cacicazgos eternos que cierran cualquier posibilidad de cambio.
La pobreza, en sus distintas formas, alcanza en estas regiones hasta al 70 por ciento de la población. La mayoría de los jóvenes no concluirá la educación básica y mucho menos accederá a una profesión, que aún se percibe como un privilegio reservado para las clases acomodadas.
Año con año, miles de jóvenes son reclutados por el crimen organizado o terminan siendo expulsados de las tierras de sus familias, adquiridas por los grandes capitales guanajuatenses, muchos de ellos ligados directamente a los gobiernos en turno.
Comprar una casa es una aspiración lejana. Para lograrlo, la opción suele ser migrar a Estados Unidos y convertirse en mano de obra barata —una forma moderna de esclavitud— con la esperanza de construir un patrimonio al que, en muchos casos, nunca se regresa, atrapados en un sistema capitalista que expulsa cuando deja de necesitar.
La pobreza duele en el norte y noreste de Guanajuato. Mientras unos cuantos hacen negocios, crean constructoras, dirigen partidos políticos y se llenan la boca diciendo que trabajan por el pueblo, ese mismo pueblo es mantenido con hambre para volverlo dócil, mientras se le arrebatan tierras, patrimonio y futuro.
La pobreza duele en este 2026, y las migajas son cada vez menos para repartir.
PD
- Por más que lo presuman en Europa no existe un “Nuevo Comienzo”
- La 4T no ha llegado acá por los zopilotes que siguen colgándose al movimiento.
- La teatralidad y el engaño son armas poderosas
- Si nada más van por un souvenir a la Fitur, no entiendo para que van edecanes de lujo.
- Mañana será otro día y hay que vivirlo con alegría
