La ambición está encegueciendo a todos

Escrito por: El Jinete, ese que va deseando la muerte

“Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos”

Voltaire

Estamos en la antesala del proceso electoral de 2027. Todo parece haberse alineado, incluso los astros —aunque eso no tiene nada de mágico, sino de natural—. Hablando en serio, nuevamente vemos cómo en la región muchos se preparan para levantar la mano y quedarse con los cargos de elección popular.

Y sí, son los mismos de siempre: aquellos que prometieron que no volverían a contender; sus familiares, que sueñan con emular viejas glorias y permanecer en el poder; quienes actúan con una frivolidad profundamente arraigada en ciertas prácticas de la cultura política; los clasistas; los que se apropian de terrenos ejidales y, con un ejército de abogados, buscan los resquicios de la ley para despojar al prójimo. Son los mismos de siempre: azules, morenos, tricolores y naranjas. Muchos no tienen un proyecto para sus municipios; tienen un proyecto familiar, donde los ciudadanos son vistos como simples activos al servicio de intereses particulares.

Mientras tanto, la gente sigue sin poder comer dignamente, sin acceso a escuelas que cuenten con lo mínimamente necesario para sus hijos, sin posibilidades reales de adquirir una vivienda digna y sin acceso oportuno a los medicamentos que requieren ellos o sus familiares. Además, continúan dependiendo de dádivas con las que partidos y políticos buscan colgarse medallas.

Tampoco han llegado inversiones importantes que generen empleos mejor remunerados o que representen un verdadero desafío profesional para los egresados de la Universidad Tecnológica del Norte de Guanajuato y de las distintas instituciones privadas de la región. Del mismo modo, la cultura sigue siendo considerada un tema secundario. No existen suficientes oportunidades para artistas, creadores ni para quienes se encuentran fuera de los círculos cercanos al poder.

Por ello, debería preocuparnos que tan poco cambie en nuestro entorno y que cada día tengamos que competir por las migajas que otros van dejando en el camino. En esta ocasión será fundamental exigir a quienes aspiran a gobernar un verdadero plan de desarrollo, sustentado en datos y propuestas reales, no en videos, campañas digitales o memes. Necesitamos que las condiciones de vida mejoren, que la seguridad pueda percibirse en las calles y no únicamente en los discursos oficiales o en los informes mensuales.

Nos corresponde a los ciudadanos asumir un papel activo en la vida pública: preguntar, cuestionar, señalar, reconocer nuestros errores cuando sea necesario y tomar decisiones informadas. En pocas palabras, debemos convertirnos en los principales actores de la política, más allá de los políticos de siempre, de las rencillas personales y de los odios partidistas. Nos toca analizar y evaluar, porque de ello depende la posibilidad de construir un futuro donde dejemos de vivir de dádivas y podamos desarrollarnos con dignidad.

PD

  • Ahora todos son expertos en abejas. Lo lamentable es que se perdió el respeto por la persona que murió y que su tragedia fue utilizada políticamente por unos y otros. Claro que hubo omisiones y claro que siempre hay aspectos por mejorar, pero convertir el tema en un espectáculo ya raya en lo ridículo y en lo más bajo de la política
  • Números y más números. Que si la gobernadora ya supera en las encuestas a la presidenta de México; que si tal o cual alcalde es mejor porque así lo dice su encuestadora de confianza; que si los aguacates ya están más arriba que las amígdalas. Todo se ha convertido en un juego donde los gurús vendehúmos de la política buscan hacer su agosto
  • Seguimos siendo una de las regiones más conservadoras del estado
  • Agárrense
  • Mañana podría ser demasiado tarde para despertar de un sueño del que, en cualquier momento, la realidad puede derramarse como una sopa mal sostenida
  • Los vendehúmos políticos: la nueva versión de una profesión que nunca pasa de moda
  • Todos tienen la culpa, menos tú (léase irónía)
  • Todo se derrumbó, dentro de mí, dentro de mí . . .

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