Guanajuato: una década de sangre y una reducción que no garantiza paz

A PESAR DEL DESCENSO EN 2025, EL ESTADO ACUMULA MÁS DE 35 MIL ASESINATOS EN DIEZ AÑOS DE CRISIS INSTITUCIONAL

Antonio Velázquez

Guanajuato, Gto. – A una semana de que finalice el 2025, el estado, muestran un registro de 2, 436 homicidios dolosos, la estadística no logra borrar el rastro de una década sangrienta que ha devastado el tejido social del estado. Si bien este número representa uno de los puntos más bajo en años recientes, ocurre tras un periodo de violencia desbordada que inició en 2015 con 970 casos y escaló sin control hasta convertir a la entidad en un cementerio nacional, evidenciando el fracaso prolongado de las políticas de seguridad pública.

El análisis histórico de los datos revela una espiral de muerte que las autoridades no supieron contener a tiempo. Entre 2017 y 2020, la violencia se disparó de 2,285 a un pico aterrador de 5,570 víctimas anuales, un crecimiento del 143% en solo tres años. Durante este periodo, Guanajuato se consolidó como el estado más violento del país, donde la disputa por el control territorial y el robo de combustible operaron con una impunidad que dejó a la ciudadanía atrapada entre el fuego cruzado y la inacción gubernamental.

La supuesta tendencia a la baja” iniciada en 2021, con 4,333 homicidios, ha sido lenta y costosa. A pesar de los descensos registrados en 2023 (3,862) y 2024 (3,588), las cifras actuales siguen estando muy por encima de los niveles de paz que el estado disfrutaba hace apenas una década. La reducción de 2025, aunque notable en el papel, se da en un contexto donde el miedo se ha normalizado y muchas zonas del estado permanecen bajo el control de facto de grupos criminales que han diversificado sus delitos.

Al cierre de este año, Guanajuato enfrenta un saldo deudor con la justicia: miles de carpetas de investigación sin resolver y una sociedad que desconfía de los discursos triunfalistas. El reto para el futuro inmediato no es solo bajar los números de la estadística, sino desmantelar las estructuras de poder criminal que permitieron que, en tan solo diez años, el número de vidas perdidas se contara por decenas de miles ante la mirada de tres niveles de gobierno que reaccionaron tarde.

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