ColumnaLa Torcaza Cínica

Cigarrito para los nervios

Psicólogo Alejandro Ruiz Galicia

 

El tabaco es una planta nativa de América consumida en la época precolombina como parte de algunas ceremonias por lo que su consumo era mucho más cercano a un ritual que al deseo individual de fumar. Los tiempos en que el tabaco era un componente de actos que comprendían el ciclo de la vida y la muerte, como su uso en el preludio de un encuentro sexual, de la siembra o de la guerra, han quedado atrás. Hoy, el tabaco es el principal factor de riesgo individual prevenible en el mundo, es decir, el cigarro provoca efectos que matan a más personas que cualquier otra causa en el planeta.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, poco más del 20% de la población económicamente activa fuma, siendo mayor la cantidad de hombres que de mujeres que lo hacen aunque ellas lo prueban a más temprana edad regularmente. El promedio de cigarrillos consumidos por quienes fuman es de 7.4 unidades diarias por persona.

Sabemos que cada uno de estos 7 cigarrillos contiene más de 7,000 compuestos químicos y que 69 de ellos producen varios tipos de cáncer, enfermedad que suele dañar principalmente a los órganos que tienen contacto directo con el humo pero que afecta el funcionamiento de todos los sistemas del cuerpo. También sabemos que el fumar favorece la aparición de aquellas enfermedades relacionadas con la falla del flujo sanguíneo como los eventos vasculares cerebrales (derrames), infartos, hipertensión y en varones, impotencia sexual; eleva la probabilidad de baja talla y peso en los recién nacidos y de muerte súbita en bebés; además aumenta el riesgo de experimentar enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma y otras fallas respiratorias tanto en el fumador como en las personas cercanas. Esto por mencionar algunas de las enfermedades más comunes que provoca.

Vale apuntar que el tabaco es una droga que provoca dependencia física, misma que se alcanza fumando alrededor de 7 cigarrillos por día, lo que hace más difícil el dejar de fumar. Pese a esto, aproximadamente la mitad de las personas que han fumado de manera recurrente logran dejarlo sin ayuda profesional, la otra mitad, habrá de recibir apoyo especializado para poder manejar esta adicción.

Aún cuando popularmente se considera al cigarrillo como un elemento que puede ayudar a quien lo fuma a relajase, es una droga estimulante del sistema nervioso central, por lo que acelera funciones vitales como la respiración, el ritmo cardiaco y los movimientos intestinales. El efecto “relajante” ocurre gracias a la modificación consciente de la respiración al inhalar el humo manteniéndolo dentro y a la nicotina, sustancia que si bien no disminuye la tensión sí genera una sensación de placer que aminora el malestar del estrés al que se enfrenta el fumador.

Si bien contamos con políticas públicas como: el aumento en el costo de los cigarrillos, la inscripción y fotografías respecto a los riesgos asociados con fumar en las cajetillas, la aparición del número de la línea de vida en las cajetillas permitiendo el contacto del consumidor con una unidad especializada para dejar de fumar cercana a su ubicación, el reconocimiento de espacios libres de humo de tabaco, entre otras muchas, resulta indispensable que como población intervengamos en dos puntos; evitar fumar y evitar que las personas menores de edad a nuestro cargo fumen.

Una vida sin tabaco es una vida más larga y plena de la que podríamos tener con el cigarrillo.

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