900 mil peregrinos llegaran hasta San Martín de Terreros este mes de noviembre

MILES DE PEREGRINOS MANTIENEN VIVA UNA TRADICIÓN QUE UNE A GENERACIONES Y COMUNIDADES DEL BAJÍO

Antonio Velázquez

Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia Nacional, Gto.- Cerca de 900 mil personas se preparan para llegar a San Martín de Terreros en una de las manifestaciones de fe más arraigadas de la región. Año con año, este peregrinar convoca a generaciones de creyentes que, con devoción y esperanza, acuden a venerar a su santo patrono, San Martín Caballero, reafirmando una tradición que ha trascendido el paso del tiempo y que hoy se mantiene como un símbolo de identidad colectiva.

La festividad tuvo sus orígenes entre las décadas de 1930 y 1940, cuando los primeros devotos comenzaron a organizarse para rendir homenaje al santo. Desde entonces, la celebración ha crecido hasta involucrar a municipios como Dolores Hidalgo, anfitrión de la fiesta, así como San Miguel de Allende, Juventino Rosas, Guanajuato Capital, Apaseo el Alto, Salvatierra y San José Iturbide, entre otros, que se suman al espíritu de hermandad y fe que caracteriza a este acontecimiento.

El último sábado de octubre marca el inicio de la cabalgata, que da pie al gran peregrinar rumbo al santuario. Aunque el día oficial de la fiesta es el 11 de noviembre, las peregrinaciones se extienden hasta el cierre del mes, cuando miles de fieles llegan al templo para cumplir promesas, agradecer favores y elevar plegarias a San Martín Caballero. A la devoción se suma el ambiente festivo: música, danzas, puestos de comida tradicional e incontables productos religiosos que llenan de color y alegría las inmediaciones del santuario.

Visitar San Martín de Terreros es, más que una costumbre, una herencia espiritual que se transmite de padres a hijos. Familias enteras recorren el camino con recuerdos, promesas y gratitud, reviviendo cada año una historia que mezcla fe, tradición y comunidad. Así, esta celebración sigue siendo el reflejo del alma del pueblo, un legado que une corazones y mantiene viva la llama de la devoción popular en el corazón del Bajío.

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